|
Aunque nos mates a las rosas
Poeta inmensa, del territorio inasible
que entrampa su grito
en la garganta del silencio,
y susurra escondiendo su verdad
con la palabra precisa que invalida
ese maligno encadenamiento de lo real.
Cómo nos hacés falta a los mortales,
poeta celestial del infierno roto,
esta noche sin estrellas líquidas
e iluminada acaso
por una luna menguante e ineficaz
llena de desdén y decadencia.
Cómo te necesitamos el mundo y yo,
poeta inmensa,
que ya no es lo mismo la vida
sin tu rabia ambigua, esa tristeza
con que jugás, desvalida, a las peripecias
del amor imposible del poeta.
Observanos si podés, juglar de la palabra,
tal vez adivinen tus ojos del alba
que tu travesía no le ganó al viento,
que se está haciendo maldito el silencio
que nos hacés falta, poeta,
aunque nos mates las rosas.
Nos ha tocado tu amistad, poeta,
en esto que nombraste como rifa de la vida
pero no deseamos arder junto al verso
ya hemos muerto de morir varias veces
y no habremos de hallar otro mar tus lectores
en el real de este célibe camino que se acorta
no te habremos de llorar, poeta,
ya has llorado vos en la glauca metáfora.
¿Para qué abrir entonces, poeta, preguntamos
una nueva puerta en los desfiladeros
de la implacable decepción, la temida soledad,
del silencio que abate?
Poeta de la ausencia y la paradoja,
presente estás siempre en tu letra,
la palabra universal es tu herramienta
como el martillo que golpea sin cesar
o el perseverante se alza en controversia.
No nos dejes esclavizados en tu dolor, poeta,
que a pesar de ser lectores del enigma,
también nosotros escribimos a sangre
apenas si el cuerpo interpreta la mentira humana,
esa máscara hipócrita que nos distancia a fuego
y bloquea todos los barcos en el puerto de los sueños.
Aunque nos mates las rosas con tu rima, poeta,
rosas sembraremos en celebración de la lluvia
tu poesía hierve en el sol que puja y sale
tus lágrimas, poeta, también son arte.
|